L’Hospital del Mar entiende la salud desde una perspectiva integral, donde el entorno y la experiencia de las personas forman parte del proceso de cuidado. En este contexto, el arte no es un elemento decorativo, sino una herramienta capaz de generar bienestar, calma y conexión emocional.
Con el proyecto ‘El Mar de l’Art’, el hospital da un paso más en este compromiso, integrando el arte contemporáneo en los espacios asistenciales del nuevo edificio de la segunda fase de su ampliación. Coordinado por el artista Perico Pastor, el proyecto reúne a diez artistas que, bajo una inspiración común (el mar), transforman pasillos, salas y habitaciones en espacios más humanos y acogedores.
Esta iniciativa da continuidad a una trayectoria iniciada en los años noventa con el proyecto Art i Sanitat, y se alinea con la evidencia científica y el reconocimiento de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre el papel de las artes en la salud y el bienestar.
El proyecto ‘El Mar de l’Art’ transforma el nuevo edificio del Hospital del Mar en una auténtica galería distribuida a lo largo de sus espacios. Más de 20.000 m² donde el arte convive con la actividad asistencial, integrado desde el mismo momento del diseño arquitectónico.
Diez artistas han creado obras originales pensadas específicamente para los espacios que ocupan. La única consigna: el mar como punto de partida. A partir de ahí, cada obra propone una mirada propia; desde la abstracción hasta el realismo, desde la contención hasta la expresividad.
Las piezas no buscan evadir la realidad hospitalaria, sino transformarla: generar momentos de calma, de pausa y de conexión. Espacios que acompañan a pacientes, familiares y profesionales en un entorno a menudo complejo.
Este recorrido artístico no se impone: se integra. Aparece en salas de espera, pasillos o habitaciones, aportando luz, relato y presencia allí donde más se necesita.
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Nos aconseja Regina Saura que no dejemos de soñar. Ella hace años que lo hace repartiendo sus sueños por galerías de todo el mundo, iluminando los nuestros con el dibujo más libre, flotando en unos paisajes… de ensueño. De un sueño del cual no nos importa despertar porque soñaremos despiertos, colores todavía más bellos, mares de imágenes acogedoras.

Curioso Horizonte que une más que divide. Se imagina un mar que se mueve a ritmo mineral, unas nubes como arcilla blanca que pesan encima, un paso de baile lentísimo en que el uno será el otro, la otra será la una, en una luz de eternidad que conviene mirar de frente, como el artista, encerrada en su estudio de Begur, mirando el universo a los ojos y enviándonos estas imágenes de una honestidad y una belleza absolutas.

Hace años que el artista Ignasi Aballí cuestiona la complicidad de conceptos, palabras y materiales para crear la ilusión en el arte. En esta obra aísla uno de los colores históricos de la práctica de la pintura: el azul ultramar, denominado así porque se obtenía moliendo una piedra semipreciosa, el lapislázuli, que provenía de ultramar, más allá del mar.
Su uso para crear los azules de las vestimentas de los personajes divinos y los fondos en estampas y miniaturas góticas señalaba a la vez la santidad de las imágenes y, a causa de su alto coste, el poder económico de los patrones del pintor.
Un juego de reflejos, quizás imaginado por el pintor, nos propone la visión fiel de la estancia bañada en azul, como si se reflejara en el mar cercano.

Agua, alegría y frescura. Con su técnica habitual de dibujo al pincel y color de acuarela sobre papel japonés, Perico Pastor ha creado estas imágenes de alegría y color que evocan el agua y la luz del entorno del Hospital de Mar. Estas obras se han incorporado al diseño de los baños de pacientes, concebidos por el equipo del arquitecto Albert de Pineda, como en espacios llenos de luz que acompañan la estancia en el Hospital con la esperanza de la felicidad.

Cynthia Fusillo es la artista errante, siempre de Nueva York a Italia pasando por Barcelona, por Sicilia o por el Camino de San Jaime. Por donde pasa, recoje, y allá donde se para descarga su zurrón, y con recortes de tela, briznas de hierba, astillas, pintalabios, estrellas de mar, misteriosas babuchas de papel en que quizás se guardan todos los pasos que la han llevado hasta aquí, o los que aún tiene que hacer, nos construye una postal de este viaje, que es el nuestro. Y se pueden pasar horas desentrañando estos pequeños secretos, como quien mira álbumes de fotografías de desconocidos que reconocemos como parientes nuestros.

Estas olas aplicadas, ordenadas, reiteradas, retiradas, que se empequeñecen al final y se despiden, son a la vez superficie y fondo marino, costa y meseta. Quizás una manera discreta, fiel a Isamat, artista de la discreción, de recordarnos que una sencilla onda cerebral nos mueve y nos conmueve, que no somos nada, y esto es todo. Esto nos tendría que intranquilizar, pero la paciente reiteración del grafito que va repitiendo sus olas nos serena y nos consuela de todo mal.

Es un vidrio y es azul, claro, pero el título es un prodigio de discreción, que quizás es timidez porque este coral azul, esta marea, es fruto de horas y noches de trabajo, de determinación, de paciencia, de lucha del cuerpo de Carla Tarruella con un material seductor pero tozudo, obediente y sorprendente. Es, sobre todo, la huella del deseo de encontrar un rumbo en el mar de la vida.

En la pintura de Xano las cosas son siempre mucho más que ellas mismas y esta Ola, que lo es y de qué manera, es también selva, nube, mundo, cosmos vertiginoso y voraz que nos rodea y nos devora, pero también el chapoteo del agua en el cubo de un niño en la playa. Un mar inmenso que es nuestro mar amigo, nuestra vida.

Las Aceras de Olivares son un mar de gente que fluye sin cesar, reflejando la luz del mundo, de la vida, vestido con las marcas que nos marcan, enmarcado por los motivos que nos impulsan, siempre atareado, nunca frenético. Como Olivares, que hace tantos años que nos refresca con estos reflejos de nuestro ir y venir al Hospital de Mar; familiares y desconocidos. No se ve el momento de pararse, y la experiencia nos dice que esto es bueno cuando estamos aquí.

Un cúter, papeles de colores escogidos con cuidado, sabiduría y cola: con estos materiales humildes y la técnica del collage tan querida por el cubismo, Miguel Rasero lleva medio siglo mostrándonos un mundo sin ilusión, ascético y cercano, en que la precisión es una de las señales del sentido del humor. Un mundo de secano con aromas de mar.
El pasillo central del nuevo edificio se transforma en una experiencia artística única: el Bulevard Antoni Vila Casas, una intervención creada por el artista Perico Pastor.
Lejos de ser un simple espacio de paso, este largo recorrido se convierte en una inmersión visual. Una ‘selva’ en blanco y negro acompaña a quien la contempla, mientras figuras singulares (inspiradas en profesionales de la salud) aparecen a lo largo del trayecto, guiando y sorprendiendo al mismo tiempo.
Este bulevar no solo conecta espacios físicos, sino también emociones. Convierte el tránsito dentro del hospital en una experiencia más amable, más humana, más cercana.
Es una obra pensada para ser vivida en movimiento, casi sin detenerse… pero dejando huella.






